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26 mayo 2013

MITO O REALIDAD | Adicción al bálsamo labial

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Lo uso siempre antes de acostarme, después de lavarme los dientes, minutos después de comer o cada vez que siento una ligera tirantez en los labios. No salgo de casa sin él y en ocasiones se me amontonan dos o tres en el bolso, lo cierto es que tengo muchos más bálsamos de los que necesito, en parte porque me gusta variar, pero ¿realmente necesitan mis labios tanta hidratación?


La piel de los labios es más fina, no contiene folículos pilosos, ni glándulas sebáceas, que son las encargadas de lubricar la piel, ayudando a mantener su hidratación natural, por eso está más expuesta a factores climatológicos, como el sol o el viento, teniendo una mayor tendencia a deshidratarse y agrietarse creando esos molestos pellejitos que tanto odiamos.
Apenas tienen melanina, sustancia natural que nuestro cuerpo produce para protegernos de los rayos ultravioletas del sol, por eso tienen un tono diferente al resto de nuestra piel, de hecho, ese color rojizo proviene de los vasos sanguíneos situados bajo la piel. Por tanto es conveniente utilizar cacaos con SPF (factor de protección solar), especialmente en verano o cuando vamos a exponernos al sol durante mucho tiempo.

Entonces, ¿mis labios necesitan hidratación continua por ser una zona más delicada?¿Debo convertirme en una esclavo de los bálsamos labiales?  


No. Como todo en esta vida los excesos siempre son malos. La piel de nuestros labios tiene un sistema natural de regeneración, cuando la parte exterior se reseca en exceso y comienza a agrietarse nuestro organismo la regenera inmediatamente. 
Cuando nos aplicamos bálsamo, creamos una película que los protege del medio exterior, evitando que se quemen o resequen en exceso, pero si no los dejamos respirar el proceso de regeneración de nuestros labios se ralentizará, porque la parte exterior siempre estará cubierta por una capa de falsa hidratación. Así que, aunque técnicamente no lleven ninguna substancia adictiva si pueden generar una dependencia al aportar a los labios una sensación de hidratación superior a la natural. En vez de hidratarlos, podemos acabar agrietándolos más.

Entonces, ¿Qué debo hacer? Encontrar un equilibrio que será diferente para cada persona y cada situación.

Hidratación: Por fuera y por dentro por muchos cacaos que usemos si no bebemos suficiente agua, nuestra piel también estará deshidratada.

Evita ingredientes irritantes: los perfumes o algunos compuestos naturales, como el geraniol, pueden llegar a ser irritantes si se encuentran en grandes cantidades. Los ingredientes como el aceite de coco o el de oliva son muy hidratantes y nada irritantes.

Utiliza el bálsamo adecuado para cada situación: Recuerda que cada piel es un mundo, y si por algún motivo puntual tienes los labios con dermatitis, extremadamente secos y sensibles busca un cacao que cumpla con tus necesidades, incluso aunque no sea 100% natural. Algunos componentes sintéticos también pueden ser buenos para la piel.

Exfolia pero no arranques: Es bueno exfoliar para eliminar las células muertas, pero si exfolias en exceso o con brusquedad, arrancarás más piel de la debida exponiendo tu labio, lo que puede provocar el efecto contrario al deseado favoreciendo quemaduras o infecciones. Puedes utilizar cualquier exfoliante para labios como éste de LUSH, fabricar uno casero o bien utilizar el cepillo de dientes, si lo haces con cuidado es efectivo y mucho menos engorroso que el exfoliante.


Evita morderlos o chuparlos en exceso: Solo conseguirás resecarlos más.

Protege tus labios de las condiciones climatológicas extremas: Tanto del sol como del frío y el viento, cúbrelos con una bufanda en invierno y evita exponerlos en exceso al sol. 


Y ahora, si me disculpáis, voy a ponerme un poco de cacao, digo, a beber un vaso de agua. 


24 mayo 2013

Bienvenidos

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La llamada cosmética natural parece estar de moda, pero, ¿es tan solo una moda pasajera o realmente aporta beneficios tangibles para la salud?

La mayoría de cosméticos que se encuentran actualmente en el mercado, se producen de forma industrial, incluso aquellos que juran y perjuran estar fabricados con un 90% de ingredientes naturales. Pese a que puedan tener un proceso de producción similar, la diferencia suele residir en su composición.

A menudo, tendemos a demonizar los ingredientes sintéticos y a ensalzar los extraídos directamente de la naturaleza, desconociendo sus propiedades y los efectos que unos u otros pueden tener sobre nuestro organismo.   
Precisamente porque a veces las apariencias engañan, con este humilde blog pretendo desnudar los cosméticos, analizándolos desde un punto de vista científico.